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Foto: Iván Mordisco y otros jefes de las disidencias del Estado Mayor Central de las FARC en el Yarí. / AFP

¿Cómo funciona internamente la disidencia del Estado Mayor Central de las FARC? *

Kyle Johnson

Mucho debate se ha dado sobre cómo el llamado “Estado Mayor Central (EMC)” de las disidencias de las FARC-EP funcionan internamente. Esto especialmente después del evento en el Yarí en el que el EMC buscó mostrarse públicamente como un grupo guerrillero con cohesión interna. Sin embargo, una cosa es cómo esta organización armada quiere presentarse ante el país y otra su realidad, la cual es mucho más compleja y difícil de interpretar. Quizá lo más importante al analizar este tema es no quedarse con la “foto” actual de su funcionamiento interno sino la tendencia a través del tiempo, que va desde la coordinación intencional hasta la toma centralizada y colectiva de decisiones.

Desde muy temprano en su fundación, a mediados del 2017, los líderes de lo que terminaría conformando el EMC, definieron que se coordinarían entre sí y se reunieron para tal fin en la zona del Guayabero. En ese momento, Gentil Duarte lideraba las diferentes unidades disidentes en el suroriente. Al mismo tiempo, Iván Mordisco se encargaba de mandar armas, plata y combatientes a otras zonas del país como Arauca, Catatumbo, Putumayo y Cauca para tratar de fortalecer unidades locales y asegurar que se le unieran al proyecto en ese momento.

Quizá el mejor ejemplo de esas personas enviadas con el fin de fortalecer el entonces “proyecto” disidente – como lo llamamos en la Fundación Conflict Responses en 2021 – fue Jhonier, quien terminó oficializando el “Comando Coordinador del Occidente”, una sombrilla que organizaba por lo menos siete unidades entre frentes, columnas móviles y compañías cuando se anunció públicamente a comienzos del 2020 (desde entonces ha crecido el número de unidades pertenecientes). Jhonier había sido un mando medio del Frente Primero en el sur del Guaviare y fue mandado por Mordisco Duarte al Cauca a finales del 2019 con ese fin.

Durante el mismo periodo de tiempo, entre el 2017 y el 2020, varias otras unidades disidentes aparecieron en lugares como Antioquia, Arauca y Catatumbo, por ejemplo. Varias de ellas terminaron vinculadas al proyecto de Gentil Duarte y coordinaban con él, más que todo en el plan general de expansión local, mientras, más importante, a veces recibían armas, combatientes y plata de Mordisco.

En ese tiempo, el EMC principalmente coordinaba entre sus diferentes unidades. Este era el estilo de liderazgo de Duarte, quien al final del proceso de negociación de La Habana (2016), era el coordinador del área del Bajo Ariari y miembro del Estado Mayor Central del Bloque Oriental de las FARC-EP. La evidencia de órdenes dadas por él para toda la organización es poca: Duarte habría prohibido a todas las unidades participar directamente en las protestas del paro nacional del 2021. Aunque miembros de diferentes frentes aprovecharon el paro para extender su control, parece que su orden se cumplió.

En esta época, aparecía la primera evidencia también de un cuerpo colectivo de toma de decisiones llamado el Estado Mayor Central. En respuesta a la aparición de la Segunda Marquetalia en agosto del 2019, el proyecto de Duarte publicó un comunicado que fue firmado por el “Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP” – la primera vez que se había nombrado así. Aunque, solo sería hasta abril del 2021 – cuando el Frente 10 entró en conflicto con las fuerzas armadas y especiales venezolanas – que volverían a usar el término. El hecho de que Jhonier hablara en nombre de todo el proyecto disidente implicaba algo de mayor unidad en las comunicaciones que iba más allá de la simple coordinación; sin embargo, las críticas en ese momento del Frente 33 al Frente 10 por su conflicto en territorio venezolano minaba esta conclusión.

En este año también ocurriría algo en términos de comunicaciones colectivas y aprobadas por el “Estado Mayor Central” que tiene implicaciones importantes para la paz total. En su revista Identidad, publicada por el Comando Coordinador del Occidente, el EMC publicó sus primeras ideas sobre cómo podría ser una negociación de paz. Criticó el modelo de la dejación de armas de las FARC-EP en el 2017; planteó algunos temas de agenda que quedaron por fuera de la de las negociaciones en La Habana; y rescató la importancia de los jóvenes en una posible negociación. Este texto, según su autor, fue revisado y aprobado por los miembros del EMC como instancia de liderazgo del proyecto disidente.

Estas pequeñas muestras de decisiones colectivas de alto nivel se volverían más comunes después de la muerte de Gentil Duarte en mayo del 2022. De ahí tomaría el liderazgo del proyecto Iván Mordisco, y se verían varias nuevas decisiones de alto nivel sobre otras unidades de la organización: el cese unilateral para las elecciones presidenciales del 2022; la prohibición de la deforestación (aunque principalmente afectaría las unidades de los llanos); la orden a Antonio Medina (comandante del Frente 10)de terminar el conflicto con el ELN (la cual no pudo cumplir); la orden también a Antonio Medina de retractarse en su “plan” de asesinar a 300 personas en Arauca; y la inclusión de comandantes de diferentes partes del país en las reuniones confidenciales con el gobierno.

Esta tendencia fue confirmada por un comandante en el evento del Yarí quien afirmó que en la organización “antes había unas coordinaciones, pero ahora vamos a tener decisiones colectivas”. Sin embargo, no está clara la organización exacta interna del EMC: un comandante afirmó que el grupo decidió seguir cómo venía; otro que quien hace parte del EMC como instancia de toma de decisiones no está definido aún y que están en consultas; otro que se hicieron algunos pequeños cambios al EMC como tal.

Frente a esta tendencia, existe una paradoja dentro del EMC: entre más bajo se enfoca en la organización – hacia los frentes y columnas – más claramente se aplican los estatutos y mecanismos de disciplina. Al mismo tiempo, en varias zonas del país, la calidad de éstos últimos varía mucho y a veces no se aplican consistentemente. En unidades en los llanos orientales, en la Fundación CORE hemos recogido testimonios que señalan una aplicación rigurosa de los estatutos y de mecanismos claros y participativos de disciplina.

En el suroccidente, al contrario (y quizá de esperarse), su aplicación no es constante y algunos testimonios indican que decisiones personales de mandos juegan un papel importante y no se leen los estatutos con la frecuencia definida por los mismos.

Lo anterior implica que a la tendencia de ser una organización con mayor comando y control la falta mucho camino por recorrer para que se consolide – como es de esperarse en este momento.

Hay diferentes hipótesis que podrían explicar el cambio hacia decisiones colectivas que tienen efectos sobre la totalidad de las unidades del EMC o algunas, de tal forma que implica mayor verticalidad, que antes que la muerte de Gentil Duarte. La primera es la llegada al poder de Iván Mordisco cuyo estilo de liderazgo iría más allá de la simple coordinación y quien prefiere mayor verticalidad pero con un peso importante en lo colectivo para no repetir los errores de las FARC-EP antes del Acuerdo de Paz del 2016, uno de los cuales – según la visión de Mordisco – sería la alta concentración del poder en pocos miembros del Secretariado y su constante imposición sobre la organización, muchas veces a través de la violencia, según el EMC.

La segunda sería la paz total. Según este argumento, el EMC estaría aprovechando las posibles negociaciones para fortalecerse internamente de una forma que no podría sin ellas. Esto especialmente a raíz de su “pleno extraordinario” en el Yarí entre finales de marzo y comienzos de abril en el cual participaron todos los comandantes de las diferentes unidades pertenecientes al EMC, y otros más. El mismo EMC dijo que no había podido reunir a todos sus mandos hasta ese momento, y sin duda facilita la toma de decisiones colectivas y su fortalecimiento organizacional. Esto, a su vez, le sirve bastante para la guerra, aunque también para la paz.

La tendencia interna del EMC es hacia la centralización, pero con participación colectiva de las diferentes unidades regionales que lo conforman, sin una consolidación completa hasta ahora. Mientras antes de la muerte de Gentil Duarte, la coordinación era lo normal, parece que esto está cambiando, lo cual puede representar un gana-gana para la organización armada: en la paz, podrán negociar mejor y habría mayor posibilidad de que cumplan con su parte de lo acordado.

Pero si las negociaciones fracasan, saldrá más fuerte en lo organizacional. En este impasse actual, no está del todo claro cuál camino terminará tomando el EMC, pero si de verdad es una guerrilla – como dice ser – el de la paz siempre será preferible que el de la guerra, como le han dicho claramente las comunidades que viven en las zonas de su conflictos, control e injerencia.
 
*Este artículo fue publicado inicialmente en El Espectador, el 5 de junio de 2023. 

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