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CORE

Foto: JOAQUIN SARMIENTO/AFP

Grupos armados se fortalecieron bajo el gobierno Petro, pero no todos del mismo modo *

Kyle Johnson, Ángela Gómez

Agosto 2025

 

Los atentados en Cali y Amalfi (Antioquia), en los que murieron 19 personas y más de 70 resultaron heridas, pusieron el tema de la seguridad en el centro del debate público. Muchos sostienen que, tras tres años de gobierno de Petro, los grupos armados ilegales se han fortalecido como consecuencia del fracaso de la política de paz total.

En la Fundación Core hemos venido elaborando un informe, que pronto publicaremos, en el que analizamos si estos grupos se han fortalecido y en qué dimensiones entre 2018 y 2025. La respuesta corta es que sí, aunque no todos lo han hecho por las mismas razones, ni en la misma medida, ni desde el mismo punto de partida. Esta columna presenta algunas de las ideas centrales del análisis que ampliaremos en el informe. 

Cómo entender el fortalecimiento

La discusión sobre la fuerza y el fortalecimiento de los grupos armados en Colombia ha sido simplificada en exceso: suele centrarse, principalmente, en lo militar. La realidad va mucho más allá. Creemos que hay cuatro aspectos que deben considerarse.

El primero, sin duda, es el militar, con al menos tres elementos: la cantidad de territorio bajo influencia, el número de miembros que integran el grupo y su capacidad de ejercer violencia.

Aunque los detalles de cada uno de estos elementos son relevantes, se pueden plantear algunas ideas generales:

  • Operar en más territorios que en años anteriores suele representar un fortalecimiento. No todo territorio tiene el mismo valor estratégico ni la presencia de los grupos armados se manifiesta de la misma forma en cada lugar, pero, en general, esta premisa se cumple.
  • Cuantos más miembros tenga un grupo armado, mayor es su fortaleza. Sin embargo, hay distintos tipos de combatientes: algunos aportan más que otros, y el rol que desempeñan influye en la capacidad del grupo. Aun así, la regla general de “a más miembros, más fuerza” se mantiene válida.
  • La capacidad de ejercer violencia también puede reflejar un fortalecimiento. Este factor es más difícil de medir, pues un grupo puede aumentar su participación en actos violentos y, al mismo tiempo, estar debilitándose. Por ejemplo, puede enfrentarse con mayor frecuencia a otros grupos armados que en el pasado, pero perder esos enfrentamientos y, por ende, no fortalecerse.

El segundo aspecto en que un actor armado puede ganar fuerza es el económico. La guerra requiere recursos, cuanto más dinero tenga un grupo, más factible será que logre sus objetivos. Con más recursos, puede comprar mejores armas, pagar combatientes (si ese es su modelo), sobornar autoridades e invertir en control territorial.

El tercer aspecto es el organizacional. En teoría, cuanto más cohesionado esté un grupo armado internamente, con mayor facilidad podrá sostener la guerra y alcanzar sus metas. Según el contexto en que opere, sus objetivos y su experiencia en el conflicto, puede optar por una estructura en red, una jerarquía centralizada o un modelo descentralizado. En cualquier caso, la cohesión —la capacidad de trabajar unidos hacia un objetivo común— resulta fundamental.

Finalmente, el cuarto es el político-ideológico. Este tiene dos elementos. El primero es el control político del territorio, a menudo llamado gobernanza. Se puede plantear que, entre mayor gobernanza, mayor poder del grupo armado. Aún así tiene que competir con otros actores que también gobiernan de diferentes formas, como el Estado, la Iglesia y la sociedad civil, entre otros. Es decir, en general, si un actor ilegal gobierna más espacios, en competencia con otros, se ha fortalecido.

El segundo elemento es la ideología. Esta es importante en diferentes sentidos. Puede servir como un mecanismo para aumentar la cohesión interna y así fortalecerse organizacionalmente. También puede servir para ganar legitimidad entre la población local, lo cual puede traducirse en poder político e incluso militar. Con todo, la ideología rara vez constituye el mecanismo principal de construcción de poder militar. Aun así, puede afirmarse que, cuanto más fuerte sea su ideología, más sólido puede ser un grupo armado.

Es importante señalar que, con cada uno de estos cuatro elementos, en general, fortalecen a los grupos armados, ceteris peribus, es decir, si todos los demás quedan iguales. 

¿Se han fortalecido los actores armados?

Para contestar esta pregunta, nos enfocamos en los actores armados involucrados en los conflictos armados principales del país: El Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los diferentes grupos disidentes y reincidentes de las FARC: El Estado Mayor de Bloques y Frente (Embf); el “Estado Mayor Central” (EMC); la Coordinadora Nacional-Ejército Bolivariano (CN-EB); y la Segunda Marquetalia (SM).

El EGC

El EGC se ha fortalecido en el sentido militar. Ha aumentado la cantidad de municipios y veredas con injerencia desde 2018: pasó de 188 municipios en ese año, a 200 en 2022 y a 238 a finales de 2024. También ha duplicado sus miembros de 3.638 en 2018, a 5.000 en 2022, y a 7.551 a comienzos del 2025. Es difícil saber con exactitud si su capacidad de ejercer violencia ha aumentado, pero el hecho de que en los últimos años ha venido ganando varias de sus disputas territoriales, como en Chocó, Sur del Bolívar y Bajo Cauca Antioqueño,  es un buen indicador de que probablemente sí.

El ELN

En lo militar, el ELN se ha fortalecido, pero no tanto como muchos han argumentado. Tiene injerencia en más municipios ahora que en 2022, pero son pocos. Se han encontrado en muchas regiones del país en disputa con otros grupos armados ilegales, bien sea el EGC en lugares como el nordeste y oriente de Antioquia, el Sur del Bolívar y Chocó, o diferentes disidencias de las Farc en Cauca y Nariño, por ejemplo.

La cantidad de miembros del ELN, según fuentes oficiales, tampoco ha aumentado mucho durante el gobierno de Petro: de 5.885 en 2022 a 6.245 en 2025. De todas formas, es un aumento y un fortalecimiento.  

La capacidad violenta del ELN parece haber disminuido en ciertas zonas y aumentado en otras. En Nariño, Sur de Bolívar y Chocó, por ejemplo, ha disminuido claramente. En Arauca y Catatumbo, no está claro si su capacidad haya incrementado o si simplemente está cometiendo una violencia que siempre tenía una capacidad de ejercer, pero no lo hacía por pactos con las disidencias de las Farc que operan en ambos departamentos. En Cauca ha perdido fuerza en lugares como Guapi, Argelia y el Tambo, pero ha ganado espacio en Silvia, Inzá y algunos sitios en el norte.

Las diferentes disidencias

El poder militar de las disidencias, en su conjunto, ha aumentado durante el gobierno de Petro. Hoy operan en más municipios y con un mayor número de combatientes que en 2022. Aunque esta es una tendencia que ya venía desde el gobierno de Santos, durante la actual administración no se ha detenido su expansión.

Sin embargo, dadas sus divisiones internas y el hecho de que ahora existen cuatro grupos grandes en vez de dos, hay dos formas de medir su fuerza que dan resultados diferentes. La primera es comparar el poder individual de cada disidencia grande actual comparada con cuando hacía parte de una estructura más grande. Por ejemplo, el Embf tiene menos poder militar ahora que el “EMC”, cuando era un solo proyecto conjunto. Sin embargo, no es una comparación rigurosa.

La mejor forma es abrir las cajas que son cada disidente actual y trazar su trayectoria a través del tiempo. En este caso, el Embf opera en más territorio ahora que en 2022, igual que el “EMC”. La CN-EB también se ha expandido, especialmente los Comandos de la Frontera por Caquetá y Amazonas. La SM ha tenido un poco más de expansión por la frontera con Venezuela, pero el grupo está muy débil en general hoy en día. 

Estos grupos han duplicado su número de miembros desde 2022: los cuatro proyectos disidentes actuales suman hoy 7.835 integrantes, frente a 3.275 en ese año. Además, en 2022 no existía la disidencia de las disidencias del Frente 57, que desde entonces ha incrementado tanto sus miembros como el territorio en el que opera, especialmente en Valle, Cauca y Tolima.

Los otros aspectos

Los otros tres elementos de fortalecimiento son más difíciles de medir directamente, pero se pueden plantear unas ideas generales sólidas.

Por ejemplo, en lo económico, es muy probable que los grupos armados tengan hoy más recursos que hace algunos años. Esto se explica por varias razones. En primer lugar, Colombia produce actualmente una cantidad histórica de coca, pasta de coca y cocaína, negocio ilegal del que se benefician todos los grupos armados.

La minería ilegal, por su parte, es más rentable que nunca, pues el precio del oro está en un nivel histórico. Muchos afirman que este negocio resulta incluso más lucrativo que el narcotráfico y, una vez más, todos los grupos armados participan en esta economía ilícita.

La evidencia de que la extorsión ejercida por actores armados ha aumentado es sólida, aunque las cifras de este delito no sean confiables. Incontables comunidades en diversas regiones del país aseguran que se ha incrementado, y exmiembros de estos grupos han reportado que recolectaban sumas exorbitantes de dinero a través de las llamadas “vacunas”.

Además, hoy existen economías ilícitas relativamente nuevas —en comparación con el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión— que también han representado mayores ingresos para los grupos armados. El involucramiento del EGC en la migración ilegal por el Darién es un ejemplo. Sin embargo, el número de migrantes ha disminuido drásticamente en la actualidad, lo que ha significado pérdidas económicas. Otro caso es la deforestación, que desde 2015 ha sido una fuente importante de ingresos para el Embf y el “EMC”.

En términos de cohesión interna y fuerza organizacional, la mayoría de los grupos armados se han debilitado. El proyecto del “EMC”, que buscaba pasar de unas “coordinaciones” —en palabras de un comandante importante— a un Estado Mayor Central más unificado, fracasó: pasó de una descentralización débil a una fragmentación abierta.

La SM también buscaba crear una unión centralizada entre sus tres “alas” e incluso realizó algunas reuniones en ese sentido, pero finalmente no lo logró y terminó dividida entre la SM y la CN-EB. El ELN, cuya organización interna se ha movido en una amplia zona gris entre la autonomía y la indisciplina, perdió el Frente Comuneros del Sur en Nariño.

El EGC, por su parte, ha logrado mantener cierto nivel de cohesión interna durante el gobierno de Petro gracias a un estilo de federalismo intencional que le ha permitido evitar la fragmentación. Sin embargo, también ha enfrentado problemas en este frente, como lo evidencia el asesinato de ‘Siopas’ a manos del propio EGC en 2023.

Finalmente, lo político e ideológico muestran tendencias distintas. En términos de gobernanza, hay razones para pensar que los grupos armados ilegales han fortalecido su control durante el gobierno de Petro. En la Fundación Core, junto con Gitoc, hemos encontrado evidencia de que grupos como la CN-EB y el ELN lo han hecho en Nariño y Arauca, respectivamente. También hay información que apunta a lo mismo con el EGC, el “EMC” y el Embf en sus zonas de influencia. No obstante, es importante señalar que existen dificultades metodológicas significativas: por ejemplo, no hay una línea base cuantitativa que permita comparar con precisión si la gobernanza ha aumentado o no.

En cuanto a lo ideológico, los grupos armados parecen hoy menos definidos que en la época en que el conflicto giraba en torno a las Farc, el ELN y las AUC. Sin embargo, resulta difícil establecer si en 2025 tienen menos (o más) ideología que en 2022. Cada grupo mantiene un discurso ideológico, pero qué tanto lo aplican en la práctica de la guerra sigue siendo incierto. Aun así, abundan testimonios de comunidades, excombatientes e incluso de líderes de los propios grupos que indican que, en la mayoría de los casos, la ideología no se traduce en acción.

Conclusiones

Los principales grupos armados del país se han fortalecido de distintas maneras, incluido lo militar, durante el gobierno de Petro; solo en términos de cohesión interna (salvo el EGC) y, probablemente, en lo ideológico, se han debilitado. La gran pregunta frente a esta realidad es: ¿qué lo explica? En el discurso público, la respuesta suele ser la Paz Total —y únicamente la Paz Total— como causa del fortalecimiento de los grupos armados. Si bien en algunos casos, como el del Embf, este ha sido un factor, no es el único.

También influye el hecho de que la política de seguridad resulte inadecuada y que los cambios introducidos en su definición no hayan podido operacionalizarse, lo que ha dejado vacíos importantes. Además, la baja implementación del Acuerdo de 2016 ha significado desaprovechar herramientas clave en la lucha contra las organizaciones criminales.

Al mismo tiempo, la relación entre los grupos armados y la Paz Total varía. Se argumenta, por ejemplo, que los ceses bilaterales han permitido su fortalecimiento: en el caso del Embf, aprovechó el cese para expandirse a lugares como Huila; en contraste, el EGC nunca tuvo un cese bilateral ni una mesa de negociación y aun así se fortaleció. El ELN contó con un cese bilateral de un año, que parece haberle servido para consolidar su gobernanza en Arauca, aunque es difícil establecer el impacto específico de ese periodo en su presencia territorial o en sus recursos financieros.

El panorama es complejo y requiere un análisis profundo y detallado. Lo cierto es que el gobierno de Petro no ha logrado revertir la tendencia de fortalecimiento de los grupos armados que ya venía desde el gobierno de Duque. Este escenario plantea nuevos retos en el futuro cercano. El debate electoral, por ahora, se centra en la necesidad de ser más “duros” frente a los grupos armados, fortalecer a la Fuerza Pública, abandonar la opción negociada y priorizar la seguridad sobre la paz.

Sin embargo, se requerirá una estrategia más amplia que abarque los diferentes elementos señalados aquí para debilitar a los grupos armados. No se trata sólo de cuántos son y dónde están, sino también de sus recursos financieros, su cohesión interna y su fuerza político-ideológica.

*Esta columna fue publicada originalmente en La Silla Vacía el 22 de agosto de 2025

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